Un tema clásico dentro de la ciencia política sin duda es el liderazgo. Para hablar sobre liderazgo es necesario retomar a Max Weber y su teoría sobre los tipos de autoridad que existen. Weber afirmaba que son tres los tipos de dominación legítima. El primer tipo de es de carácter racional y tiene su sustento en la legalidad. El segundo tipo de es de carácter tradicional y por último la autoridad sobre el carísma.

El contexto histórico en el que Weber esbozó su teoría, estuvo marcado por una excesiva burocratización de la ciudadanía. Por ello, para Weber el carisma fue el elemento humanizador para transformar y renovar la sociedad, debido a que se entendía la dominación carismática como un proceso de comunicación emotivo.

Pero, ¿a qué le llamamos carisma? El carisma se reconoce en líderes cuando en ellos encontramos estímulos originales que nos hacen identificarnos. Weber afirma que el carisma es una cualidad percibida y construida a través del otro. Es decir, la cualidad carismática no se percibe igual para todos.

El liderazgo carismático es un elemento que ha ganado importancia en los últimos años, ya que en sistemas democráticos, el carisma puede dar o quitar triunfos electorales. Un claro ejemplo sobre la relevancia actual de la dominación carismática del país son las candidaturas independientes, que a partir del 2014, el INE las integró en las elecciones del país; no solo eso, por primera vez un candidato independiente ganó la gubernatura de una entidad federal. Que un candidato haya vencido a toda la maquinaria partidista del país, sin duda es un ejemplo de que el carisma gana elecciones.

Y…. ¿la imagen?

El tema de la imagen ha estado presente en la política desde siempre. En la Edad Media las monarquías crearon la imagen de la realeza; en los regímenes totalitaristas se hizo culto a la personalidad del líder político. En las sociedades democráticas actuales, el carisma se construye a través de la imagen y como muestra de esto esta la propaganda electoral.

La televisión, la internet y la radio (en menor medida) han condicionado la creación del carisma en los políticos debido al efecto de proximidad que generan con el electorado. De esta forma, la vida del político se vuelve cotidiana en la vida de la sociedad, creando el sentimiento de conocer al político. Las redes sociales han contribuido a dicha proximidad; basta con analizar las elecciones pasadas las cuales se convirtieron en una fuente de información para los votantes indecisos.

En la actualidad, no sólo es necesario tener carisma, ahora hay que mostrarle a la gente que se tiene dicha gracia. La fórmula perfecta es entonces carisma, liderazgo y una buena campaña de marketing digital.